No puedo concederme el honor de clasificarme como poesía, tampoco el honor de sonreír. ¿Qué me está pasando? Cada vez queda menos paciencia. La agoté toda al esperarte. Hace 100 noches que no salgo a volar, que no siento bondad y cada vez me vuelvo más misántropa. Con el corazón a 30 bajo cero y la mirada más rota que nuestro álbum de fotos escucho el contestador todas las noches. Con la voz cortada y los labios partidos tu voz me estabiliza y me arropa las noches de luna llena. Cuando más lo necesito, cuando la bestia de mi interior se manifiesta me tranquiliza.
Y dibujo con las manos el principio de mi boca, preguntándome a donde van los gemidos extraviados y el final de tus labios impacientes donde comienzan los míos. Pero yo me engaño a mi misma diciendo que ya no me aterra tenerte, que tu luz está de vacaciones lejos de mi. Y las curvas de tus caderas en reformas y yo más perdida que un turista por el sendero de tus ojos.
Que te prometo que me das igual, pero que vuelvas.
(Amalia)