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martes, 11 de febrero de 2014

Lejano Oeste

Dicen que el lejano oeste esta tejido sobre leyendas. Pueblos condenados a lidiar con la luna eternamente, privados del sol por un error que algún avaricioso ancestro cometió. El sheriff y su caballo que trotan junto la vía del tren para rescatar a su amada princesa, indios contra vaqueros. El aterrador caballero errante y su caballo sin alma desde hace tiempo, condenados a vagar con cada anochecer, sus dedos congelados que entregan pergaminos a los aliados y a los peones del mismísimo diablo.
Esperé, espere años desde que me dijiste que volverías a la quinta puesta del sol. Y aún sigo esperando, me recorrí el norte de punta a punta en tu espera, acabé en el oeste, pasé la vida entre andenes, las noches en vela con mi botella, jamás consumí un cigarro del todo para que supieras que aún me quedaban fuerzas para esperar, esperé hasta morir, esperé hasta en el infierno, me jugué la vida en causas perdidas, con plomo en los pantalones, caminando, esperándote en cada esquina de cada ciudad, esperar se convirtió en mi verbo preferido, angustiosa espera, venían los demonios hacía aquí, pero yo siempre fiel, esperando. Primero fue un rumor, mis huellas en la arena remarcaban mi existencia, el viento arrancaba poco a poco mis esperanzas. A veces, me atormentaba, me emborrachaba y no dormía, a veces sonreía. Y cada verano, el sol me traía noticias de ti, me decía que aún me amabas, y la luna asentía con su habitual frialdad. El tiempo se convirtió en mi aliado, y aunque la suerte me odiaba, el tiempo nunca dejo que yo cayera en el olvido. Me convertí en leyenda, no pude esperar eternamente, mi corazón era humano, aún amándote con una fuerza sobrehumana se rompió en pedazos. Al menos, mis acciones no caerán en el olvido y cuando vuelvas sabrás, que al menos lo intenté.

(Amalia)

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