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domingo, 9 de febrero de 2014

Piel fría, corazón que quema.


Me pasaría los días y las noches en una azotea, preguntándome donde perdí la razón. Y tus ojos, clavados en mi espalda, que no me dejan dar un paso en falso, que me prohíben equivocarme y retroceder. Cada vez, más segura de que me controlan, de que pago por lo que hice, empezando por perderte. De cómo me traicionan el tiempo y la suerte.Yo arrastré las cadenas de vuestros errores, me tocó a mi sufrir por quince. Era tal el desgarro que no me quedaba otra, que acabar a las tantas en bares, intentando llenar el vacío que me quema, que me atraviesa el pecho lentamente, como si de una bola de fuego se tratase. Y soy de las que se niegan a perderte, que no puede evitar pedir un minuto de tregua, de vender mi alma por verte dormir.  Aún sabiendo, que soy engañada, que el alma no tiene dueño y teniendo todas las de perder. Llevo los labios rotos y agrietados por el frío hasta en otoño, en mis adentros siempre está nevando. Piel fría, corazón que quema. Y me pregunto, como las personas que se duermen en el autobús no se saltan su parada. Sabemos bien lo que nos falta. Mi ruina se acerca con tu caminar, y no puedo evitar sentir miedo. Esperando el día del juicio final mirando a la luna llena, sintiéndome vacía. Soy del norte, pero no me importaría perderlo contigo. 

(Amalia) 

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